PARA CONSTRUIR LA PATRIA
VALE LA PENA OFRECER
EL DÍA DEL TRABAJADOR
En un día soleado de otoño las familias misioneras bajo el lema “Con María, construyamos la patria Familia” le regalamos a la patria una experiencia de hogar en el mes del bicentenario. VALE LA PENA OFRECER
EL DÍA DEL TRABAJADOR
La Virgen nos convocó en la Ermita de City Bell a los casi 60 participantes entre jóvenes y familias, con una asistencia importante de la comunidad local para caminar las calles del barrio.
Comenzamos con el almuerzo, donde vivimos la experiencia del reencuentro y de la solidaridad con aquellos que quisieron sumarse a esta patriada, recreando un ambiente de fraternidad y familia.
Comenzada la tarde realizamos el tradicional envío, donde cada uno recibe la cruz del misionero de manos de los padres de cada familia.
Así las seis familias con papá, mamá e hijos algunos mas grandes y otros no tanto salimos por la calles a cumplir con la tarea encomendada.
Una bella tarde donde el variado colorido que el otoño le da al follaje de los árboles, con los rayos del sol que templan nuestros cuerpos, sentimos la caricia de un Dios que se hizo presente entre nosotros.
En ese clima donde el encuentro con Dios se hace real en la maravilla de la creación pusimos manos a la Obra.
Allí fue donde los misioneros tuvieron que sacar a relucir su máxima creatividad para lograr vencer todas la barreras y así poder comunicarse con las pocas personas que se asomaban a la puerta.
Una misionera nos comentaba “Que difícil es poder cumplir con la tarea de misionar y explicar a través de un portero eléctrico, así es imposible establecer un vinculo personal.”
Vencida la primer barrera para poder entablar una conversación con las personas visitadas y zanjando la distancia que media entre el cerco de la calle y el interior de la puerta de la casa, en medió de los ladridos incesantes de los perros guardianes, créanme que la tarea se transformo en una difícil odisea.
Pero como si todo esto fuera poco, también hubo que soslayar la obstrucción visual que los cercos de mampostería o de hierro no permitían establecer un contacto directo, de manera que a veces agachados, otras en puntas de pie, para poder ver y decir alguna palabra. Palabras que a esta altura y con tantas barreras por vencer ya no salían tan claras y tan fluidas al punto de experimentar una difícil sensación.
Y los misioneros que por gracia de Dios y por sus propias habilidades lograron el cometido, apenas pudieron mantener una breve conversación donde se pudo explicar que “hoy todos los argentinos desde la Iglesia Católica queremos orar y comprometernos con la patria”.
Pero como siempre en las misiones no todo fue tan dificultoso, en algunas casas se pudo compartir con las familias visitadas y la bendición llegó a esos hogares.
Para finalizar compartimos las experiencias del día de misión y celebramos la Eucaristía, ofreciendo la misión y firmando una bandera argentina para sellar un pacto con la patria de cara al bicentenario de la patria, que celebraremos el próximo 25 de mayo.
Una mención especial para Justin, Padre de Schoenstatt de nacionalidad Nigeriano, quien nos acompaño en la misión y celebró la Eucaristía.
Como broche y al caer la tarde un fogón, para compartir la alegría y la calidez del amor experimentado durante un día de cielo.
Gracias a todos los que hicieron posible esta misión en especial a los que cuidan y hacen posible que la Ermita de City Bell sea un lugar tan bello y bendecido.
Por: Gastón Zurita
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